La siguiente habitación
La siguiente habitación Entré en la estancia, que más que una habitación parecía una cueva, con techo y paredes de piedra basta. El suelo era de crujiente grava y arena. Justo en medio, el fuego de una hoguera crepitaba tranquilamente iluminando el lugar y lanzando al aire danzarinas chispas. Su reconfortante calor era muy de agradecer. Justo a su lado unas pieles de animales parecían servir de improvisado lecho. Pero lo que realmente llamaba la atención eran las pinturas que abarrotaban el techo: bisontes, mamuts, ciervos y rinocerontes lanudos; todos ellos perfectamente perfilados en negro y coloreados de vivos pigmentos rojos, naranjas y ocres. Bajo la fluctuante luz anaranjada del fuego, aquellas figuras animales parecían a punto de ir a cobrar viva y ponerse corretear por la heterogénea superficie de la roca. A pesar de que era un espectáculo sobrecogedoramente maravilloso, debía de continuar. Rodeé la hoguera y me dirigí a la oscura gruta que ...