Soledad
Soledad Roberto se despidió de su nuevo círculo de amigos, con quienes había disfrutado de una agradable jornada de juegos de mesa, un animada tertulia acompañada por suculentos manjares y regada por alguna que otra copa, y finalmente una desenfrenada orgía. Feliz, pero agotado por la sociabilización y el sexo, decidió que era momento de pasar un tiempo solo a fin de poder disfrutar también de sí mismo. Abandonó la suntuosa sala donde habían estado reunidos y cruzando una decorada puerta que se abrió a su paso, regresó al exuberante jardín del exterior. Estaba atardeciendo, pero calculó que aún le quedaban un par de horas. "Suficiente", pensó. Llamó con un silbido a su mascota, un Gallimimus , un emplumado dinosaurio bípedo de cuello larguirucho y cabeza pequeña de ojos enormes rematada en un pico, y que si no hubiese sido por las patas de delante terminadas en garras y la larga cola se podría haber confundido con un a...