Cuestión de tiempo
Cuestión de tiempo Felicity abrió la pesada puerta que daba acceso a "La Guarida", un garito que le encantaba visitar. El lugar tenía todo aquello que apreciaba en un lugar como aquel, ambiente ruidoso y abarrotado, música rock de los ochenta y un camarero que sabía tirar bien la cerveza. Se abrió paso como pudo hasta la barra y, tras conseguir capturar la atención del camarero, un tipo calvo, delgado y cuyo rostro evidenciaba una vida de excesos y un fuerte gusto por los piercings, le pidió una caña doble. Con un guiño, el hombre plantó delante de ella el frío vaso de cerveza salpicando con la espuma y lo acompañó con un cuenco de cacahuetes tostados con extra de sal, el clásico truco para provocar sed y asegurar nuevas rondas. Felicity apenas le había dado un par de tragos a su cerveza cuando un chico joven de barba rala, mirada descarada, chupa de cuero falta de cuidados y engominado pelo negro se sentó intencionadamente a su lado. – No eres de por aquí...