El artefacto
El artefacto Hacía tanto calor que se derretían los zapatos. Literalmente, la suela de goma de los zapatos que llevaba aquel hombre se estaba fundiendo en contacto con el suelo. El resto de su calzado, de no muy buena calidad, debía también llevar cierta cantidad de plástico en su composición, porque amenazaba con copiar el camino de las suelas de goma. Sin embargo, el hombre no era capaz de moverse del sitio. Si se hubiera quedado ahí no hace falta ser un genio para imaginar las consecuencias de tal hecho. Pues al desagradable olor como a neumáticos quemados le siguió otro aún peor. El de la carne humana a la brasa. Por fortuna para él, lo que debió de sentir mientras se le empezaban a quemar las plantas de los pies le hizo despertar del estado de desconexión en el que parecía encontrarse su cerebro en aquel momento. Gritó, con un profundo alarido que poblaría las pesadillas de los próximos días de todos aquellos que lo escucharon. Gritó hasta quedarse ronco y, al fin, recibió la...