Entradas

Cishomonormatividad en la Vieja Tierra

Imagen
      Cishomonormatividad en la Vieja Tierra    Los alumnos entraron en el aula y se acomodaron en sus sitios charloteando animadamente, aún excitados tras la adrenalínica clase de gimnasia de la hora anterior. Matilda les observó pacientemente, atenta a elegir el momento más adecuado para interrumpirles. No quería precipitarse, siempre era mejor dejarles que se descomprimiesen un poco, especialmente sí venían de hacer ejercicio. Pocos minutos antes, había manipulado los mandos del sistema de climatización del aula, bajándolo de unos templados 25º C a unos más frescos 20º C. Por experiencia sabía que un poco de frío mantenía a los alumnos tensos, centrados y activos, mientras que el calor tenía el efecto contrario. Ella era friolera y tembló ligeramente al sentir bajar la temperatura, mas ese era el precio a pagar a cambio de asegurar el éxito de su labor docente, especialmente ante el complejo tema que tenía que explicar aquel día. Cuando vio la oportunidad, im...

¡Es una bomba!

Imagen
¡Es una bomba! —¡Desactívalo ya! —grita mi jefe. ¿Quién se cree que es? ¿Acaso se piensa que no sé en qué consiste mi trabajo? ¿Cree que tiene que decirme qué hacer? ¡Si yo estoy aquí precisamente para eso! Lucho con todas mis fuerzas contra esa parte de mí que me insta a rebelarme, a dejarle solo con este marrón, a ver qué hace si no me tiene a mí para apoyarse. Es un impulso fuerte, cada vez más, pero como tantas veces antes logro reprimirlo y centrarme en lo que tengo entre mano. —¿Pero qué haces perdiendo el tiempo? ¡Desactívalo ya! —repite incansable mi jefe. Según el marcador del temporizador plantado en esta masa de explosivos, tengo el tiempo limitado para hacer precisamente eso. ¿Y él insiste en aumentar la presión que se cierne sobre mí? ¡¿Hasta dónde vamos a llegar?! Pero en una cosa sí tiene razón: estoy perdiendo el tiempo. Estoy permitiendo que estos escasos minutos se deslicen entre mis dedos. Estos escasos y preciosos minutos... Veo cómo van escapándose, alejándose lent...

El último regalo

Imagen
El último regalo    Me sorprendí al descubrir aquel enorme libro encuadernado en una especie de cuero negro como el azabache delicadamente colocado sobre el felpudo de la entrada de mi apartamento. No había nada más, y de hecho aquel 6 de enero no esperaba recibir nada, ya que llevaba varios años trabajando y viviendo solo en aquella casa, sin apenas contacto con el resto de la humanidad. Receloso pero a la vez curioso, cogí aquel mamotreto, que pesaba como un demonio, y examiné su cubierta. No descubrí en ella inscripción alguna, ni título, ni editorial, ni sinopsis, ni críticas a sueldo de magazines famosos, ni nada. Inevitablemente lo abrí, y sus ásperas páginas, de un macilento color ocre, crepitaron como si se fueran a resquebrajar. Lo que parecía ser un título, inscrito en una arcana grafía en la primera página, me causó un profundo impacto. Biografía no autorizada de Leopoldo Cerda Pérez. Ese era yo... ¿qué clase de broma pesada era esta? ¿quién se atrevía a escribir so...

Visita a medianoche

Imagen
Visita a medianoche Para Tharon, a quien escribí esta historia hace ya unos años... Hay mucha gente que dice que los extraterrestres no existen o que, en el caso de que sí lo hagan, nunca se tomarían la molestia de visitar nuestro planeta. Pero yo sé de uno que sí nos visitó, y que tal vez vuelva a hacerlo. Su nombre es Eliot, o al menos suena de forma parecida a eso, y llegó al pueblo en una noche oscura y lluviosa. Contaba yo aquellos días con doce años, que pronto se convertirían en trece, y acababa de estrenar una semana de vacaciones en el pueblo de mis abuelos. Llegué con ganas de montar en bici, hacer excursiones al campo y todas esas cosas que puedes hacer cuando eres un niño y estás en un pueblo. No obstante, apenas hube yo puesto un pie en casa de mis abuelos, comenzó a llover. Y no era una lluvia suave y ligerita, no, sino una tormenta hecha y derecha. Así que me tiré toda la tarde en el salón, intentando entretenerme sin mucho éxito con los libros y películas que encontraba...