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El entomólogo

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 El entomólogo De la boca entreabierta salió una mosca, y tras ella otra más. Se persiguieron durante un rato mientras volaban alrededor de la cara del finado. Durante un momento una de ellas se posó sobre la nariz, pero enseguida echó de nuevo a volar al acercársele la otra. Finalmente se alejaron del muerto, en busca quizá de un lugar más tranquilo. Porque el cuerpo, el cadáver del que tan graciosamente habían salido, se había convertido en un hervidero de bichos, un lugar superpoblado donde había tal variedad de especies que haría sentirse en la gloria a un entomólogo. Irónicamente, se trataba precisamente del cuerpo de un entomólogo. Aunque harían falta muchos especialistas, tiempo y las técnicas más avanzadas de la ciencia forense para devolverle su identidad. Por el momento no era más que otro fiambre que había aparecido de la nada en la ciudad, como venía sucediendo desde hacía ya dos meses. Al morir cada noche aparecía un nuevo cuerpo, difícilmente reconocible como pertenec...

Al amparo de las sombras

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  Al amparo de las sombras    Si hay algo que siempre he valorado de mi trabajo, es la soledad y la tranquilidad. No comprendo como hay gente que puede sobrevivir en bulliciosas oficinas con un jefe exigiéndote un abultado informe para el día siguiente, o trabajando en atención al público, donde el cliente siempre tiene la razón por muy imbécil que sea. En cambio, yo me organizo como quiero y me muevo a través de la quietud de la noche. Cuando caen las sombras, todo se atenúa y ralentiza, nos sumergimos en otra realidad, en un mundo en el cual las sutilezas y los matices cobran protagonismo, donde puedes moverte más despacio para llegar al mismo sitio. Al amparo de la oscuridad hay tiempo de pensar, de saborear los deliciosos pequeños detalles de la vida.  Al contrario de lo que sucede en otros trabajos, mi éxito depende de que nadie se fije en lo que hago, de ser completamente invisible. Mi pico de actividad suele estar entre las 3 y las 6 de la madru...

Un día normal en la biblioteca

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Un día normal en la biblioteca La mañana había comenzado despejada, como los días anteriores. Sin embargo, poco a poco habían ido apareciendo nubes, de tal manera que a mediodía el cielo estaba ya prácticamente cubierto.  ≪ Espero no haber dejado la ventana del salón abierta ≫ , se dijo María, pensando en el desastre que se podía desencadenar si empezaba a llover y, a través de la ventana, la lluvia mojaba sus preciados libros. Resopló negando con la cabeza, divertida consigo misma. Ella, que añoraba la lluvia, preocupada por la posibilidad de que cayeran cuatro gotas en aquel erial que era Orense. Oyó un ruido cerca, y su atención volvió a lo que estaba haciendo momentos antes: corregir los datos de un libro en el catálogo de la biblioteca. Aquel registro estaba tan mal hecho que sonaría inverosímil si le contaba la historia a alguien. Para empezar, estaba marcado como ocultismo cuando su temática era de humor fantástico, lo que demostraba que quien hubiera escrito aquello no se h...

Cláusulas de confidencialidad

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    Cláusulas de confidencialidad    Como todas las personas en su primer día de trabajo, Luis estaba nervioso, especialmente teniendo en cuenta lo elusiva que se había mostrado Zoonotic SA, su futuro empleador, a la hora de informarle sobre las características exactas del puesto laboral al cual se incorporaba. Sabía que iba a trabajar como técnico electromecánico en una fábrica, con un sueldo generoso y un cómodo horario de 9:00 a 18:00, pero nada más. Husmeando en Internet logró enterarse de que en Zoonotic SA se trabajaba con materiales de origen animal y que disponían de laboratorios químicos, centrándose en la elaboración de objetos de lujo, tanto para decoración como para coleccionismo, sin embargo, no encontró ningún dato acerca de la naturaleza exacta de dichos objetos, ni tampoco sobre su proceso de fabricación. Parecía que hasta que no firmase las correspondientes cláusulas de confidencialidad no podría saber más.    Llegó temprano, y se sorp...